El Toro, el tonto y el bogavante.
Resulta que hay más de uno, parece estar de moda, al que se llena la boca alzándose en defensor de los animales, sus cuestionables derechos, e intentando buscar solución a una frustración que les impide canalizar sus atenciones y cariño hacia sus semejantes, buscando la auto-realización sobre protegiendo a los que ellos consideran que nunca les traicionarán. Sus amigos los animales, frente a las personas que somos todas malas. Casi deberíamos pedir perdón por existir.