El tercio de varas a examen.

Si hay un tercio sometido a debate, e incluso puesto en entredicho este es, sin duda, el de varas. En mi artículo del pasado sábado me posicionaba en contra de la puya retráctil en base al argumento de que se pretende castigar menos al toro, para que dure más en la muleta. Y expresé mi temor de que: “La evolución de la suerte de varas es hacia su dulcificación en favor del triunfo del torero. No de la bravura y casta del toro”

No podemos compensar la falta de casta con un menor castigo. El tercio de varas debe evolucionar en todos sus aspectos, favoreciendo el lucimiento del toro, no del torero en la muleta. En este contexto paso a analizar el tercio de varas analizando los que, a mi juicio, son los elementos fundamentales, y pueden verse sujetos a evolución: Caballo, peto y puya. (Al piquero lo dejo aparte ya que confío en que todo profesional quiere hacer bien su trabajo).

Caballo: a nadie le gusta ver al toro estrellarse contra una mole. Eso somete al toro, cuando lo que realmente levanta al tendido es verle pelear, crecerse al castigo,  y verse en la posibilidad de vencerlo. Sólo así el toro acudirá con más alegría a un segundo encuentro. Si ve posibilidades de vencer el duelo, no si se encuentra con una pared  imposible de mover. Al aficionado le gusta ver al toro crecerse, y al público (y a nadie) no le gusta ver al toro sometido. Por tanto, creo indispensable aligerar al caballo en la medida que permita al toro poder pelear, empujar e incluso verse en la posibilidad de vencer, salvaguardando la seguridad del picador. El caballo no debe ser ni un tanque, ni una escoba. Aligeremos al caballo.

Peto: sobre este tema hay menos escrito, y es más difícil apreciar las diferencias de unos a otros. Poco creo que influya que pese 28 o 30 kg. El peto debe salvar al caballo de recibir el golpe, pero también debe permitir al toro agarrarse a él para empujar, y tratar de derribar a su oponente. Ni una hoja de papel de fumar, ni una armadura. Los materiales plásticos hacen que los pitones resbalen, haciendo que el toro cabecee dando, además, apariencia de quererse quitar la puya, que en ocasiones ocurre, pero también si al intentar levantar la cabeza los pitones resbalan en el peto. Por tanto, me gustaría que los petos no fueran plásticos. Que el toro se agarre y le permita pelear.

Puya: la puya no puede ser ni una inyección, ni un estoque. Debe tener la medida justa que haga sangrar al toro, descongestionándolo, ahormando su embestida y permitiéndole crecerse al castigo, pero sin mermarle sus cualidades físicas/fisiológicas por ello. Hay estudios veterinarios que informan de grandes daños a nivel funcional del animal, que están muy lejos de poner a prueba su bravura. (Vean: http://institucional.us.es/revistas/taurinos/9/art_2.pdf ) La puya actual provoca daños de más de 30 centímetros (…) con varias trayectorias (Gracia a Curro Rivera por el debate constructivo sobre este asunto). No creo que sea este el foro donde señalar de qué daños se trata, pero imaginen una puya como la actual cayendo al costillar… o yéndose atrás en la médula. Imaginen los daños. ¿Eso es poner a prueba la bravura?. Los piqueros deben picar en su sitio, pero todos sabemos que no es así, la pericia a veces no se cala el castoreño, y si eso sucede… muchos toros se dañan por la propia puya, no por su falta de casta. Busquemos una puya más moderada.

En ningún momento he justificado nada con el objetivo de que el toro llegue más entero a la muleta. Soy torista, pero no como dice Don Simón, me siento defensor del toro encastado y bravo. Es sobre el toro en lo que baso mi percepción de la fiesta. Es el protagonista. 

Este artículo no busca la compensación a la falta de casta y bravura, sino todo lo contrario. Quiero ver al toro encastado y bravo luchando en varas, peleando lo más “de igual a igual” posible, yendo al caballo las veces que hagan falta, que el toro sienta que puede vencer al caballo, que ponga a prueba su casta y bravura, que se crezca al castigo y dé espectáculo, permitiendo al tendido rugir, y poniendo al tercio de varas en su sitio. No quiero ver al tercio de varas como un trámite, lo quiero protagonista.

Sé que este es un tema muy polémico, y estoy convencido de que a todos nos importa que la Fiesta no quede anclada en el pasado mientras la sociedad evoluciona, pero eso sí, debemos salvaguardar sus pilares fundamentes.


Entonces, si aligeramos el caballo, ponemos petos que permitan al toro agarrarse y reducimos la puya, conseguiremos que la pelea en varas sea justa, más numerosa y se convierta en algo protagonista, ofreciendo un espectáculo que el tendido aprecie, valore y espere con inquietud. 

Comentarios

  1. Después de leer "El tercio de varas a examen", creo que sé bastante más de lo que sabía de ese tercio. Para apreciar las cosas hay que conocerlas, tal vez sea el tercio "desconocido".
    Se agradece la información.

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  2. Picar en su sitio. ¿Cuál es "su sitio"? Hay que decir que el morrillo, ahí donde se encuentran los músculos epiaxiales que posibilitan el movimiento de la cabeza. ¿Peto? El peto debe ser protector, sólo protector, del caballo. El picador debe evitar el choque del toro en el peto pues así conseguirá que no se quebrante su forma de embestir. Debe retener al toro con la vara apoyando su pie izquierdo en el estribo, moviendo el caballo hacia la izquierda, con mesura y fuerza para mitigar el empuje; y largar al toro con premura para que pueda entrar más veces a la suerte. ¿Descongestionar? No. Para que se produzca una descongestión en el caso de que se pudiera temer una congestión sería necesaria una sangría de aproximadamente un tercio de la volemia de la res, que en el caso de uno toro de 500 kgs sería de más de 10 litros de sus 35/40. O sea: nada de descongestión. El caballo debe ser fuerte para poder amortiguar el empuje del toro; fuerte y con arrobas, pero es más importante que sea "torero", ágil, obediente y luchador. Recuérdese que debe estar preparado para evitar el choque. La puya es suficiente y adecuada bien empleada. La puya no es la causante de la penetración que produce heridas de más de 30 cms de profundidad; es causante el picador que elige sitios blandos en los que se llega pronto a las vena y arteria supra escapular, las causantes del sangrado excesivo.
    Colocar bien el caballo, citar con arte y convicción, recibir al toro largando la vara en el momento, clavar en el morrillo volcándose para forzar al toro a cambiar su embestida templándola y conduciéndola hacia el lado izquierdo para largar al toro... Y si hay que rectificar tendencias de un cuerno maestro, afectar al músculo epiaxial del lado correspondiente para lograr una trayectoria correcta. La reducción del poder del toro para adecuarlo a la faena de muleta debe hacerse en varios encuentros, lo que se podrá lograr si se evita el choque con el peto y la colocación de la puya es la correcta.
    Acostumbrar al aficionado a que el toro choque al peto y sea picado en la cruz o aún más detrás, es abdicar de la importancia de una Suerte de varas bien hecha. Al toro encastado, manso o bravo, lo rompen en el peto, lo inutilizan picándolos en los músculos locomotores, y lo abaten psicológicamente al estrellarlo contra un muro al que es imposible de vencer.
    ¿Quién puede defender una suerte en la que al toro se le veja de la manera en que lo hace la Suerte de varas actual? ¿Quién puede admitir la muerte de un ser vivo, tan bello, al que se le priva de sus defensas físicas o psíquicas? Yo no.
    Perdón por la vara.

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    1. Muy elaborado su comentario, salvo que es un poco ciencia ficción, jamás en la historia se picaron los toros donde usted pretende que se piquen, le remito a la multitud de archivos gráficos que así lo corroboran, usted dice:"La puya es suficiente y adecuada bien empleada" si se refiere a que emplearla bien es no ponerla encima del toro pues sí, pero la puya debe permitir que el picador pueda emplearse en el puyazo recargando todo su peso en el palo mientras el toro pelea, cosa que hoy por hoy es imposible porque nos cargamos el toro.
      Son muchas las consideraciones que hay que tener en cuenta para determinar que está pasando en la actual suerte de varas, pero resumiendo: ni el caballo es el de otros tiempos ni la puya tampoco, y he ahí donde radican las mayores diferencias.

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