De la pancarta al terrorismo anti hay un paso.

Esa primera pancarta degenera por culpa del consentimiento y el buenísmo, en insultos, megáfono en mano,
kétchup embadurnando sus cuerpos (con el hambre que hay en el mundo), amenazas,
intimidaciones, empujones, agresiones y al final…una bomba.
En España este último
paso no lo hemos vivido todavía, pero en Colombia saben lo que es sufrir un
atentado terrorista antitaurino.
ATAQUE TERRORISTA ANTITAURINO.
Es aquí, en el asesinato, en los atentados, donde derivan
todos los recortes de libertades que beben del integrismo. Ese integrismo que
nos coarta libertades.
Esa actitud totalitaria está a un paso del ataque
terrorista, y luego todos a poner caras de extrañeza y a preguntarnos ¿por qué?
Muy fácil, aquella primera pancarta no debió ser desplegada a la entrada de la
plaza de toros. No en día de corrida. Hay que ser implacable. No se puede
consentir.
Señores. El integrismo anti trae atentados terroristas.
He querido huir de hablar de las consecuencias de Bogotá.
Las noticias están sobre la mesa. Sólo quiero reflexionar sobre lo que puede
vivirse en España si esto no se corta de raíz y se controla a esa gente a la
que no le importa que yo muera con tal de “salvar” un animal. Esa gente sobra,
como sobró aquella primera pancarta.
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