Simón Casas jugando al despiste. O no.

Rara es la semana que no se hace público un cartel para la mejor plaza del mundo. Rara es la semana en que no se desmiente esa misma primicia

Primero fueron los vaivenes de los domingos de ramos y resurrección. Luego los mano a mano que resultaron terna, para luego volver a ser un mano a mano de los que el empresario renegó públicamente.

Luego la goyesca del dos de mayo, donde se llegó a acartelar a Cayetano, para luego anunciar a un Ureña en una encerrona cuya fórmula el empresario y apoderado nunca defendió. Ahora esa encerrona parece que confirma las ganaderías que en su día se cuestionaron, mientras que la encerrona parece que no será tal. O sí.

Simón Casas siempre he destacado por jugar al despiste para levantar expectación. Domina la escena como nadie. Incluso diría que utiliza a los medios para mantenerse en el candelero aunque no haya nada cerrado. Por un lado salgo en la foto, y por otro mantengo la expectación, pensará el empresario galo.

En esto del despiste hay que tener mucho temple ya que el aficionado, harto de entrar a engaño, puede que desarrolle sentido y levante al maestro por el aire. Una cosa es ilusionar y que la gente hable de toros, que siempre es bueno, y otra es que la gente sepa que hasta el último día habrá sorpresas y ello haga que se pase por alto las noticias con la visión puesta en su inmediato desmentido.

Caso aparte es José Tomás sobre el que lo único que se sabe es la intención de Simón Casas es que haga el paseíllo, y en cuanto a Morante…más de lo mismo. Sí pero no...

Mientras ya se han renovado los abonos de jóvenes y jubilados, espero con ganas la apertura de plazo plaza público general, si bien no me sale de la cabeza aquello de que en San Isidro habría 12 ó 14 carteles punteros. ¿Cómo se convence a una figura que comparezca 4 tardes en Madrid? No me vale Sevilla y su viento a favor del actuante. Pienso en un Madrid que examina cada gesto, cada pose. Examen y exigencia. Eso pesa mucho en Las Ventas, como para poner la cara a la intemperie de esa manera.


Mientras tanto, donde se diga “digo”, se dirá “Diego”, y así pasarán los días, demasiado lentos, jugando al despiste. O no.

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