Qué vergüenza y qué pena Valencia

Son muchos los años de adiestramiento al público. Vistiendo la mansedumbre de mil maneras al auspicio de las figuras. Todopoderosas.

Durabilidad, cuidar al toro, si el toro permite o no permite al torero, violencia, venirse cruzadito… y mil y una falacias para vestir la incapacidad de la figurita de turno. 

Buscando el animal obediente y sumiso que piden las figuras hemos llegado a un público ignorante absoluto de la fiesta, que considera al toro bravo un perro de compañía al que no queda otro remedio que matar, despreciando, por desconocimiento, su categoría mitológica.

El público de muchas plazas acude a la plaza a admirar al torero en la medida que es un personaje famoso. Lo rosa vende. Cuando en realidad debería tratarse de una admiración hacia el héroe capaz de someter a la bestia.  

Los medios de comunicación, por no enfadar a la figura, han violado la identidad majestuosa del toro bravo adoctrinando a los aborregados públicos hacia una condescendencia al torero incapaz de someter la bravura del animal. 

Se nos ha intentado inculcar que el toro es un protagonista secundario, que lo verdaderamente importante es el lucimiento del torero.

Todo esto ha traído a las plazas una especie de espectáculo taurino, donde no hay suerte de varas, por no castigar al toro. “Castigar”. Qué poca vergüenza. 

Y así hasta llegar a un indulto en Valencia a un toro que no se lo merecía. NO SE LO MERECIA. y lo más grave es que el público no sabe por qué no. Mis respetos a un público que paga su entrada sin saber lo que van a ver. Desconocedores de la lidia, su sentido, esencia y finalidad. 

El trapío ha bajado un punto en Valencia. Dentro de poco saltarán al ruedo borregos. Chicos, inofensivos y adiestrados para embestir, pero con mucha "durabilidad". Esa es la tendencia. No habrá emoción, pero se verán miles de pases uno tras otro. 

Yo seguiré admirando al toro bravo luchando hasta la muerte, mostrándole mis respetos. Mirando al torero estupefacto al ver someter a semejante venerado animal.

NO A LOS TOROS COLABORADORES y SI A LOS TOROS ENCASTADOS Y BRAVOS.


Valencia, con ese indulto, ha emprendido el camino hacia el fin de las corridas de toros y al comienzo de espectáculos circenses bovinos. Qué pena me da esa plaza. Qué pena ver esos toros domesticados por el albero. Qué pena.

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