Fandiño busca su sitio.

Echando la vista atrás, recuerdo a un torero tirándose a matar sin muleta. No hace falta remontarse mucho en el tiempo. Corría 2014 y fue en Las Ventas. Recuerdo un torero engominado, de figura imponente en el callejón, con la mirada fija, desafiando a la responsabilidad, mezclada con las ansias de triunfo. Se llama Iván Fandiño.

Nacido en Orduña, pasa el invierno encerrado buscando una vuelta de tuerca más, hurgando en el fondo de su concepto, buscando una reinvención que lo coloque allá donde se merece. Iván asegura que el aficionado encontrará un nuevo toreo más profundo. Deseando estoy de verlo.

Es indudable que ha pasado un bache estos dos últimos años, donde ha perdido el lugar que consiguió alcanzar en el pasado, y han sido sus ganas de superación las que le han permitido no caer en el pozo del olvido. Tan frecuente, frío y desgarrador en el mundo del toro.

Echando mano de los números, fríos e implacables, en los últimos 5 años Iván Fandiño ha lidiado 67, 62, 61, 41 y 38 festejos respectivamente. Hay que recuperar el protagonismo perdido.

Recuerdo la gesta que afrontó en Las Ventas, un 29 de marzo de 2015, con ganaderías como los Partido de resina, Adolfos, Cebadas, Escolares, y Palha, en donde el premio a tan rocoso esfuerzo fueron silencios y pitos. No salió bien la tarde. Se hizo larga, larguísima, para los asistentes y para Fandiño. No es primer caso de un torero que da el paso de la encerrona buscando la gloria y se estrella con la losa cruel de la decepción. Encerrarse, en Las Ventas, con ganaderías duras, es jugársela demasiado.


Este 2016 que está a punto de terminar, ha participado en tres ocasiones en Las Ventas, cosechando dos ovaciones y 5 silencios. Pasar desapercibido no es el papel que ha de jugar en este mundo. Hay que empezar 2017 con buen pie. No sé si cuajará Valdemorillo (suena para la plaza serrana junto con el Cid y Martín Escudero), pero hay que salir a darlo todo y que empiece a sonar el teléfono de plazas importantes. 

Hay que estar en todos lados. Luchando. 

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