López Simón, el líder atormentado.

Alberto López Simón ha conseguido ser, a pesar de sus 26 años, líder del escalafón de matadores. Sus 68 corridas cortando 124 orejas y 7 rabos le han hecho ganarse esa envidiada posición. Y bien merecido lo tiene. Termina este 2016 como el número uno de los matadores. Por cierto, qué lejos quedaron aquellos tiempos en que los 5 primeros toreaban en torno a cien (100) corridas.

De esos 68 festejos 3 de ellos fueron en la Catedral del toreo, las Ventas de Madrid. Pero fue el día 1 de junio cuando salió por la puerta grande al cortar dos orejas a un toro de Victoriano del Río (negro) de nombre Vampirito, acompañado de José Mª Manzanares en su salida triunfal.
Dicen las crónicas de aquella tarde que “López Simón le cortó las dos orejas al tercero con una faena en la que destacó su ligazón y la intensidad del conjunto. Fue volteado a la hora de la suerte suprema y recibió las dos orejas”.



A pesar de ello, y tal como apuntaba en una entrevista para Aplausos:  “Ha sido un año duro y difícil, he sufrido mucho”. ¿Qué le pasa a Alberto?. Tengo la sensación de que detrás de una buena persona y un gran torero hay un hombre demasiado frágil y vulnerable hacia todo lo que le rodea. 

Siempre buscando la verdad, la pureza, la entrega, y ser feliz. Nada le importa el dinero. ¿De qué le sirve si no lo puede disfrutar con felicidad? 

Pero en el mundo del toreo (como en todos los demás) no todo el que se cruza en tu camino es bueno. Y el más fuerte es el que triunfa, el que sobrevive.

Los toreros deben, por ello, confiar en alguien que les haga la vida más fácil, les aísle de los conflictos y polémicas, y les apoye en los momentos de silencios desgarradores y soledad en el campo.
Alberto ha superado un año muy duro para él, la tragedia de Victor Barrio le marcó profundo, pero además otras polémicas a las que el torero debía haber permanecido ajeno, y en tal caso el apoderado debía haber cortado de raíz. Todo por defender al artista. Alberto ha peleado en el ruedo contra el toro y contra el mundo de buitres que veía sobrevolando su cabeza. Esa cabeza que a veces le atormenta ante la injusticia.
Pero ha tirado de profesionalidad y oficio y quizá por eso en muchas ocasiones ha atosigado a los toros al querer forzar la situación. Intentando sacar más de lo que había. No dejando surgir las cosas con pureza. Alberto ha pasado este final de temporada queriendo hacer borrón y cuenta nueva, superar esa situación de vacío al rodeándose de amigos de verdad. De los que él sabe no le buscarán problemas ni se intentarán aprovechar de su inocencia. Alberto busca ser feliz en un mundo voraz que no duda a la hora de aniquilar al que muestra flaqueza. Alberto, habla en el ruedo. Ahí está tu felicidad. Sólo con el toro.

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